Sé que les parecerá un exagero, pero: ¿qué hacer, cuando intento pensar en la amorfa inocencia de las multitudes?, sino, utilizarme del “Servum Pecus” para comprender los edificantes pensamientos de un puñado de sacrosantos versados y, empapado en ellos, pensar al igual como lo expresó Terencio, en Heauton Timorumenos 313: ¡O hominis impudentem audaciam!, que, para simplificar la comprensión de mi encumbrado lector, es igual que pronunciar: ¡Oh, desvergonzada audacia del hombre!
¡Pues bien!, interesado que estaba en retomar las investigaciones, rogué a la máxima eminencia Suprema, que me trajese un poco de luz al final del túnel, -mismo sabiendo que allí el teléfono celular no funciona-, para que al menos “Él”, lograse auxiliarme en mis craneománticas obsesiones de insistir en querer ponderar sobre la flexibilidad de la estupidez.
Con todo, debo exteriorizarles que la experiencia fue decepcionante. Porque sobre unas exasperantes peroraciones acerca de la técnica ideal a utilizar, el genio se olvidó de explicarme como proceder después de trepanarlas, eso es decir, lo que reflexionar al respecto de lo encontrado en mis indagaciones, fuese lo que fuese.
Por lo tanto, debe ser por el mismo motivo que vuelvo a recordarme de Hamlet, y de la asnería humana de Schopenhauer, que un buen día cuarteó el cráneo de su adversario y le devoró los caletres, para enseguida hallarlos insoportablemente insulsos.
Tal vez, es por eso que en la noche del Tercero Reich, ladinos, los nazis colgaron un letrero en el portón de entrada de Auschiwitz diciendo: “El trabajo liberta al hombre”. ¡Pronto! Pues para mí, fue allí que quedó establecida la escenografía de la credibilidad letárgica, ya que ese energúmeno dictamen, es exactamente lo mismo que querer escuchar las “Fugas” de Bach dentro de un presidio correccional de máxima seguridad, y sentir que se está desfilando por los jardines del Edén.
En medio de esas dudas existencialistas, me deparo con lo que dicen ser: una sugestiva campaña promovida en un anuncio callejero espectacular, que muestra a una joven negra arrodillada y bajándo los pantalones aparentemente de un hombre.
A lo que parece, esta sugestiva campaña de los pantalones Akoo ha sido severamente criticada por los habitantes de Nueva Jersey, cuando la valla fue colocada sobre un edificio en la intercepción de las calles Market y Washington, en el ayuntamiento de Newark, uno de los cruces más transitados de esta ciudad.
La marca de ropa, propiedad del rapero T.I., recibió, además de gran parte de la población, las críticas del alcalde Cory A. Booker, quien señaló que evitará que anuncios similares se coloquen en su ciudad.
Colindante a esa declaración, un portavoz de la compañía CBS Outdoor, la empresa propietaria de la valla, informó que el anuncio será retirado, aunque no especificó la fecha en que lo hará. En un comunicado de prensa, la compañía dijo que la decisión se tomó, por la inconformidad despertada en los habitantes del barrio de Newark.
Mientras tanto, el alcalde Booker minimizó el ángulo racial, y lo enmarcó como parte de una disminución del seguimiento de las normas, al declarar: -“Estoy en la comunidad y veo niños vestidos con sus pantalones demasiado bajos y utilizando un lenguaje inadecuado en público… Voy a trabajar con el consejo de la ciudad para evitar que estos anuncios representen mal a nuestra ciudad… Esta valla no es la única cosa que debe preocuparnos. Ese, es un síntoma de un problema más profundo que tenemos que enfrentar en nuestras comunidades”… ¡Estupendo!
Esta no sería la primera protesta a ser levantada por los habitantes de la ciudad. Aparentemente, a principios de 2007, después de un año en el que se cometieron 106 homicidios en la ciudad, el sindicato de maestros de Newark, colocaron vallas en las que se alertaba sobre el incremento de violencia, con mensajes como: “Se busca ayuda: alto a los homicidios en Newark”. En aquel momento, los carteles fueron duramente criticados por dar una mala imagen de la ciudad y, finalmente, se retiraron luego de que la tasa de asesinatos bajó 40%.
Y así, enterado que he quedado de ciertas cosas sucedidas en nuestro orbe, imbuyéndome de humildad, decidí vestir mi uniforme de teológico-dogmático, y al recordarme de las anatomías comparadas anteriormente, agarré una magnífica calabaza en estado de total madurez craneográfica; la trepané y, con ella abierta en mis manos mientas buscaba la Verdad en su bojo viscoso, descubrí consternado que no había nada allí, a no ser, con mucha pena, tener que revelarles que la tan propagada inteligencia, era una falsificación de la Naturaleza… ¡Una verdadera pena!




Comentarios recientes
hace 7 horas 40 mins
hace 1 mes
hace 1 mes
hace 2 meses
hace 2 meses
hace 3 meses
hace 3 meses
hace 5 meses
hace 6 meses
hace 7 meses