Quien diga que la naturaleza siempre se muestra indiferente a los dolores y preocupaciones de los hombres, es que no sabe ni de hombre ni de naturaleza. Un disgusto, por pasajero que sea, una jaqueca, incluso de las más soportables, trastornan inmediatamente el curso de los astros, la regularidad de las mareas, retrasan el nacimiento de la luna, y, sobre todo, desajustan las corrientes del aire, el sube y baja de las nubes, y, basta con que nos falte el último centésimo a los pesos que reunimos para el pago de la letra, que los vientos se levantan, se abre el cielo en cataratas, para enseguida notar cómo la naturaleza toda se complace del afligido deudor.
Dirán los escépticos, esos que hacen profesión de dudar de todo incluso sin pruebas en contra o a favor, que la proposición es indemostrable, agregando que una golondrina errada no hace primavera, que se equivocó de estación y nada más. Sin embargo, no reparan de que otro modo podría entenderse el continuo mal tiempo desde hace meses, o años, ya que antes estaban ellos aquí, los vendavales, los diluvios, las inundaciones. Pero ya se ha hablado suficiente de la gente como para querer reconocer en sus aflicciones la explicación de la irregularidad de los meteoros; en todo caso, conviene recordar a los olvidadizos, la rabia, para que el resto lo compongan ellos con su imaginación, que para algo les ha de servir.
Empero, veo que otros aprensivos, a veces preguntan: ¿A qué hora se le saca el máximo rendimiento al ejercicio? A ellos, he de decirles que los expertos de la “Revista Hola” saben que no siempre es posible por el horario o ritmo de trabajo, pero indican que la mañana es el periodo más propicio.
La razón, es que el “fitness” mejora el sistema cardiovascular, pone en marcha el corazón y libera endorfinas, la hormona del bienestar del organismo. Por tanto, hacer ejercicio por la mañana parece que recarga las baterías del cuerpo para todo el día, mejorando el sistema inmunológico, además de contribuir a que las calorías de la comida del almuerzo se quemen más eficazmente. Pero eso no quiere decir que acudir al gimnasio por la noche no tenga sus ventajas, ya que es una forma excelente de combatir el estrés y liberar las tensiones acumuladas durante la jornada, aunque por su capacidad estimulante, hay que programar el entrenamiento al menos tres horas antes de irse a la cama… Y tanto da, que sea solo como acompañado.
Por otro lado, lo curioso de todo esto, es que en canal “Discovery” dijeron que es justamente lo contrario. Porque la mayoría de los infartos se producen en la mañana, y que sería más seguro hacerlo después del mediodía.
De igual modo, en el sitio “medicinageriatrica.com.ar”, encontré un artículo que dice que hay una mayor susceptibilidad de los pacientes de Argentina y Uruguay al infarto durante el anochecer, y señala la existencia de variaciones significativas en el espectro de enfermedad cardiovascular entre diferentes regiones del mundo y provenientes de distintos grupos étnicos. Según ellos informan, hace más de 50 años se demostró la existencia de un pico en la incidencia de infarto agudo de miocardio (IAM) en las horas de la mañana en una gran población industrial… Lo que por supuesto, indicaría que los habitantes rioplatenses no son muy llegados al trabajo manufacturero.
No en tanto, según indica el sitio “elmundo.es”, los que se producen a primera hora de la mañana, son los más graves, porque el cuerpo humano tiene su propio reloj interno, y los ritmos circadianos marcan nuestros patrones de sueño, alimentación o actividad cerebral; ya que estos afectan a las variaciones de la tensión arterial y el pulso e, incluso, determinan el momento en que vamos a enfermar.
“Las personas que sufren un infarto en ese periodo del día, tienen más posibilidades de que el área infartada sea significativamente más grande que en otros momentos, lo que implica un peor pronóstico a corto y largo plazo”, explicó a “elmundo.es”, Borja Ibáñez, investigador del Centro Nacional de Investigaciones Cardiológicas (CNIC) y principal firmante del trabajo.
Los especialistas saben desde hace tiempo que cuando se produce la transición del sueño a la vigilia -entre las 06.00 horas y el mediodía-, tienen lugar más infartos que durante el resto de la jornada. Pero lo que no conocían hasta el momento es que estos ataques tienen más probabilidades de ser graves que los que ocurren en otros momentos del día. Eso acaba de descubrirlo un equipo de investigadores españoles cuyo trabajo aparece en el último número de la revista “Heart”.
Ahora bien, siendo todo como irrefutablemente ha quedado demostrado aquí, hoy día se entiende que esté el tiempo con este desafuero de árboles arrancados, de tejados arrastrados por el viento, de postes de iluminación derribados, para que usted se decida entre los temores que le regala la naturaleza o sus propios dolores y preocupaciones, para sólo entonces definir cual será la bendita hora en usted realizará los ejercicios… ¿No es formidable?




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