Dicen que en los principios del mundo, era el caos y entonces Dios tardó siete días para organizar todo… ¿Y ahora, qué?
Ahora mudó. Ahora vivimos en ese caos civilizado donde unos hombres buscan destruir lo que otros de alguna manera construyeron, disfrazando sus actos con palabras bonitas como evolución, progreso, adelanto y tecnología de punta, que no son más que siniestras ambiciones de dinero y poder.
Es por eso que nos parece bastante disparatado todo lo que pasa por aquí y allí, y que seguramente ya ha pasado en otras épocas que no vivimos y de las cuales sólo tenemos noticia por la información de las llamadas “Historias oficiales”, que ya se nos hace difícil poder encontrar cuales son los verdaderos paradigmas que anidan en el seno de la sociedad.
Por lo tanto, la falta de confianza en nosotros mismos y la excesiva severidad y rigidez intolerante para con las carencias de los otros, son el extremo en lo que no hay que caer. El amor propio y el amor a los demás no deben ser ciegos ni sordos, y a veces sí deberían ser mudos y dejar el elogio para que sea propiedad exclusiva de las abuelas, que por edad tienen todo el derecho de elogiarnos.
Dejar fluir la vida con naturalidad, creer en el esfuerzo cotidiano, devolver amor con amor y odio con indiferencia, es lo más sabio y lo que a la larga, rinde mejores resultados para garantizarnos un lugar eterno para depositar nuestros huesos cuando se nos escape por última vez el aliento.
Pero revisando notas, me enteré que el Monte de los Olivos era el lugar donde la mayor cantidad de judíos han sido enterrados, al punto que se calcula que después de dos milenios de existencia, llega a albergar a unas 150.000 tumbas.
Ese camposanto data de los tiempos bíblicos, cuando se creía que en este monte empezaba la redención de los difuntos. Entre las lápidas tradicionalmente asociadas a Zacarías, a importantes profetas y rabinos, es donde fueron enterrados los restos de otros personajes judíos de hace 2.000 años, y que se encontraron recientemente en las excavaciones de la localidad de Tzipory, en el norte de Israel.
Durante la ocupación por Jordania entre 1948 y 1967, en la guerra árabe-israelí, se calcula que cerca de 50.000 lápidas del cementerio judío más grande del mundo fueron removidas y utilizadas para la construcción de edificios y letrinas.
Durante esos años de ocupación, los jordanianos llegaron a instalar en ese lugar playas de estacionamiento de autos y estaciones de servicio hasta que, recién después de la Guerra de los Seis Días, en 1967, los judíos lograron repatriar gran cantidad de tumbas y garantizaron el respeto para el lugar donde reposan miles de sus antepasados.
Puede que muchos se pregunten: ¿Qué hacer? Y bueno, algo siempre se puede, pero hay que recordar que el mundo cambia, y es por ello que hay épocas en las que los acontecimientos se precipitan a tanta velocidad, que en un santiamén encontramos que nuestro universo cotidiano se va al demonio y nos quedamos desarmados, sin referentes y más desorientados que Adán en el día de la madre. Es allí cuando notamos que no somos más que actores de reparto, o a veces simples partiquinos sin voz ni voto… ¿No es lamentable?




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